El proxeneta examina con atención la mercancía. Es carne fresca, sin duda, pero no es nacional, lo cual le despierta cierta desconfianza. Asi que, mirando con dureza a los ojos del carnicero, le dice que no la quiere, que se la lleve y que traiga carne de Galicia, de primera, por supuesto, que a sus chicas, las más bellas del reinado, las tiene acostumbradas a la mejor calidad.
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