viernes, 13 de enero de 2012

Hombres

―A veces siento como que ya no me escuchas.
―Ayer encontré aparcamiento en frente mismo del Priscila. Increíble, ¿no crees?
―Lo que creo es que ya no me quieres.
―Podríamos ir esta noche a cenar allí.
―¿Ves? no me escuchas. Parece que  no exista para ti.
―Podríamos llamar a  Eva para que venga con su pareja.
―¿Se te ha pasado por la cabeza que también podríamos ir solos?
―A lo mejor se apuntan  Sergio y Sonia.
―A lo mejor; y a lo mejor  yo me quedo en casa y te vas tú solito.
―¡Buf! No me acordaba de la reparación del coche; subirá un pico. Mejor nos quedamos en casa y cenamos aquí, ¿qué te parece?
―Sí, claro, y luego te la chupo.
―Vaya, cariño: me parece una idea excelente. Por cierto, ¿te he dicho últimamente que te quiero?

jueves, 12 de enero de 2012

Ideas claras

    Siempre quise casarme y formar una familia. Hace un par de meses conocí a un chico muy especial.  Es guapo, inteligente, simpático...; vamos,  todas esas cosas.  Ya he dejado que me bese. Mucho es. No quiero que me tome por una de esas con las que se puede acostar a la primera de cambio y olvidar al día siguiente. Quiero que me respete, así que le impediré ir más allá. Le hablaré de los valores del matrimonio, de la castidad, de la importancia del compromiso, de lo gratificante que puede ser la espera y de lo bonito que será el momento que tanto hemos esperado. Le dejaré, eso sí,  pasado un tiempo, que me toque por debajo de la ropa; y tal vez, el día que me pida matrimonio, le toque yo a él. Pero jamás, y así debe ser, dejaré que me penetre sin estar casados. De esta forma me respetará, lo sé. Y mientras, puesto que no soy una mujer masoquista, follaré con otros. Hay cosas que, como esposa, me negaré a realizar y que no me quiero morir sin probar, así que aprovecharé todo este tiempo para llevarlas a cabo. Como por ejemplo dejar que se me corran en la boca; tragármelo; que me sodomicen; que me traten mal: me aten, me abofeteen, me estiren del pelo; que me llamen guarra, y puta, y zorra, y perra; que me follen dos hombres a la vez; tres si se presenta la ocasión. Quiero probarlo todo. Y una vez casada, como sé que no podré prescindir de tales obscenidades, las seguiré practicando con cualquiera que no sea mi marido. Lo haré por él, por mí, por nuestro matrimonio.