sábado, 12 de marzo de 2011

Un micro asquerosamente moralista

   El joven moralista, psicólogo de nacimiento, repite una y mil veces en efectivos intentos por mostrarse como una persona de carta cabal, que uno jamás debe fiarse de aquellas personas que no te estrechan la mano con firmeza  y no te miran a los ojos cuando hablan. El joven moralista, que a parte de ser psicólogo de nacimiento -pues según dice, siempre ha tenido un don para conocer a las personas-, es un gilipollas integral, fue asaltado cierto día por un individuo que, mirándole a los ojos, le pidió todo el dinero que llevase encima, y al no quedar contento con la cuantía, lo apuñaló. Pero, por suerte para el joven moralista, pasó poco después por allí un joven tímido y retraído, de mirada esquiva, que lo vio tumbado en el suelo, sangrando, que llamó corriendo a emergencias y le taponó la herida. Gracias a él, el joven moralista salvó la vida. Pasado un tiempo, cuando el joven moralista se hubo recuperado, quiso encontrarse con su salvador para darle las gracias. Ese día, el salvado estrechó con fuerza la mano de su salvador, mientras éste, simplemente, se la dejó estrechar.

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