―A veces siento como que ya no me escuchas.
―Ayer encontré aparcamiento en frente mismo del Priscila. Increíble, ¿no crees?
―Lo que creo es que ya no me quieres.
―Podríamos ir esta noche a cenar allí.
―¿Ves? no me escuchas. Parece que no exista para ti.
―Podríamos llamar a Eva para que venga con su pareja.
―¿Se te ha pasado por la cabeza que también podríamos ir solos?
―A lo mejor se apuntan Sergio y Sonia.
―A lo mejor; y a lo mejor yo me quedo en casa y te vas tú solito.
―¡Buf! No me acordaba de la reparación del coche; subirá un pico. Mejor nos quedamos en casa y cenamos aquí, ¿qué te parece?
―Sí, claro, y luego te la chupo.
―Vaya, cariño: me parece una idea excelente. Por cierto, ¿te he dicho últimamente que te quiero?
lamentablemente has escrito una realidad. Muchas mujeres viven esa soledad...
ResponderEliminarReconozco que si la viven, en parte, es porque la aceptan, pero está claro que ha ocurrido al contrario de los cuentos de hadas: el principe se convirtió en rana...
En fin, son hombres...
gracias por tu comentario, itzal
EliminarSon hombres, sí. Decía uno: "yo no soy como los demás", y le respondía una mujer: "eso mismo dicen todos".
simut{SCAR}